La vida siempre trae gigantes que nos intimidan o causan
angustia. Usualmente vienen en forma de problemas o frustraciones como pérdida
de empleo, problemas matrimoniales, alguna enfermedad o hasta la propia muerte.
Es ahí cuando nuestros ojos son tornados hacia alguien
más grande que ese gigante, hacia un verdadero GIGANTE.
Nosotros somos incapaces de enfrentar estos problemas
solos, son muy grandes para manejarlos
en nuestras fuerzas. Aun si esas circunstancias no existieran, la vida
misma es demasiado grande para nosotros manejarla solos. Pero no cuando el
verdadero GIGANTE está con nosotros.
La palabra de Dios dice que nuestra vida es como la
niebla o vapor, que aparece por un momento y luego desvanece (Santiago 4:14) Somos
tan pequeños comparados a la eternidad del GIGANTE. Necesitamos de El.
He aprendido que necesito hacer 2 cosas para comenzar a
vivir de la mano con el verdadero GIGANTE.
Primero y más importante amar a Dios con todo lo que
somos. Con toda nuestra determinación, voluntad, motivación,
pertenencia y entendimiento. Y luego amar a todos (amigos, enemigos y todo lo
que esté en medio) como a uno mismo. Ósea, hacer todo en nuestro poder para
ayudar y apoyar a otros en cualquier circunstancia posible en que se
encuentren. (Mateo 22:37-40)
Segundo, Seguir a Dios y guiar a otros a que le sigan. ¡Un
seguidor guiando seguidores! Caminar de la mano del GIGANTE y simplemente guiar
a otros a que le tomen de la mano EL también. (Mateo 28:18-20)
Haciendo estas dos cosas el GIGANTE nos promete estar con
nosotros hasta el fin.
¿Dónde te vez en un
par de años? ¿Corriendo de los gigantes de la vida? ¿Simplemente existiendo y
sobreviviendo esperando tu fin? ¿O de la mano del verdadero GIGANTE
conquistando todo lo que se te ponga enfrente?

No hay comentarios:
Publicar un comentario